La vida nos da un enorme número de regalos, incluso en los más triviales de los deseos que afloran en nuestra mente, los envía directo al corazón y este responde con una sobredosis Química, un verdadero Cocktail Junkie que de inmediato acelera el resto del cuerpo. Es en este punto en el cual se opta o no por tener gratitud (la cual irónicamente la vida no ofrece como una regalía si no que la reparte metódicamente), aquí descubrimos que el deseo puede más que la voluntad y procedemos de la manera más humana posible:
“Deseando aquello que parece imposible o inalcanzable”
Ahora aquel Cocktail administra una dosis suicida, pues finalmente el efecto pasa pero uno sigue estando ahí mientras el deseo muere, la musa parte de la misma manera en la que llegó,todo esto sin ni siquiera anunciar su partida.

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