Casi una columna de un peródico sub-terra...


Le eché un vistazo a mi empanada de pollo y no parecía recién horneada, parecía más bien ese subproducto de la máquina bien pulida y engrasada comprada hace poco en la panadería de la que proviene, y debo reconocer que lo que más me gusta de la siguiente analogía es que uno no puede parar de reírse cuando la razón es suficientemente buena, pero bueno, todos tenemos derecho a dejarnos engañar, casi deberíamos luchar por ese derecho, hacer una huelga, organizar una marcha por la avenida segunda para terminar en la Plaza de la Democracia, sí, ahí donde Don Abel nos regalaba Tamales para que votáramos por él, jajá, es increíble y aunque no es tema de actualidad creo que la gente votó más por “Comentarios con el Dr. Abel Pacheco” que por el mismo personaje en sí, pero a quien se puede culpar, que hay más tierno que un abuelito regalón que desvaría frase tras frase. Realmente me cae bien Don Abel de modo que ya no lo mencionaré, pero volviendo a la analogía, tal parece que al igual que la susodicha empanada o arreglado o arrollado de pollo que no es lo que parece, las cosas son más atractivas cuando aparentan ser naturales que cuando no, cuando por ejemplo te pones a ver tu vaso de agua salido del chorro en Costa Rica y lo comparas con la botella de agua que comprada en México D.F., definitivamente me quedo con el vaso, fresco municipal decía una amiga de mi mamá, y el amor, que no parece ser algo más que un paquete todo incluido de amaneceres, trasnochadas, Hall Mark`s, comidas extranjeras pagadas a duras penas, birras que no sustentan, fetiches musicales, escritos como este, plegarias al Dios de las estupideces quien debe ser el único que pueda responder a :
“Por favor señor haz que se enamore de mí, o sea Dios, mae, yo sé que me salió esta espinilla toda asquerosa justo hoy que voy a salir con ella pero no sé, haz que desaparezca o que a ella no le importe”
Jajá, nada como ser un adolecente sumiso con un pequeño juguete mal entrenado en los pantalones, por eso me gusta tener 24 y una hija de 2 y medio, por eso me gusta que cuando me depositan la quincena a veces tenga solo unas cuantas horas para disfrutar de mi parte, por que de algún modo eso que se desaparece aparece posteriormente en un “Papito” o en un “Nooooooooooooooooo!!!” con un subsecuente desvanecimiento fingido que suele terminar en yo dándome cuenta que hay cosas sobre criar a una niña que aún desconozco, pero bueno, no hay como intentar lograrlo, no hay como saber que parezco un tonto viendo la foto de esa chica en mi carpeta de imágenes, no hay como esperar a saber cuando la veré, no hay como saber que finalmente lo haré, y al igual que la empanada de pollo la querré comerla lentamente, con algo que nos ayude a tragar suavemente, digamos, un disco de Portishead y algo de incienso para mitigar el olor a marihuana, Salud!

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