Sueño I




Es fácil prever lo que acontece en este sitio al parecer olvidado por el tiempo, tendido al recuerdo como un pañuelo es tendido al sol en tiempos de Paz, sus líneas perfectas pueden trastornar a un hombre como A. y aún así nunca ofrecer una disculpa por su incomprensible perfección. A. estaba cubierto por una cobija a rayas que simulaba un cuerpo anciano y arrugado, más abajo su cuerpo temblaba de ansias por correr hacia el lugar más alejado con respecto a donde se encontraba, no importa cuán oscuro o solitario, debía ser el más lejano.
Tenía miedo de dormir, pues sabía que soñaría con ese escape, y así fue, cayó vencido en los extensos y áridos jardines de su soledad y durmió, soñó con una puerta de un tamaño regular que llevaba a un gran portón negro abierto de par en par. Inmediatamente (sin tener que cuestionar el hecho o dudarlo siquiera un momento) sintió la inminente necesidad de correr, al igual que lo hacía en este lugar, al igual que lo hizo siempre, aún cuando el camino ya había acabado, sentía que permanecerlo torturaba y enloquecía, era entonces cuando comenzaba a correr. Buscaba esquinas que doblar (como si quisiera perder su rastro) pues una vez doblada una esquina ya no se le podía observar (tampoco le gustaba ser visto mientras escapaba), pasó a través del portón y corrió de nuevo, esta vez aparentemente como todas las demás tenía una particularidad especial, el camino era realmente amplio, como para correr sin razón porque detenerse, pero A. notó algo que lo hizo estremecer, y era que por más que corría no encontraba una sola esquina que doblar, sentía que había transcurrido ya demasiado tiempo desde que pasó por debajo del portón, y empezó a escapar, y aún no encontraba una esquina que pudiera doblar, ni un árbol, ni una piedra, el camino era inmenso y se encontraba vacío. A. al sentirse consternado por su escape hasta entonces bidimensional, en su afán de encontrar algo que dividiera su camino hacia alguna parte, imaginó cualquier cosa que pudiera rodear, esto que imaginó no tenía una forma específica, A. lo dobló y continuo corriendo sin querer detenerse, y no lo hizo.
Después de mucho tiempo, empezó a cuestionar su huída, ¿hacia donde realmente se dirigía?, después de todo solamente había corrido, pero nunca había llegado a lugar alguno, parecía estar siempre en el mismo sitio, infinito a la derecha, infinito a la izquierda, adelante y atrás. A. se detuvo, se sentó, y se dio cuenta que tampoco había suelo, no recordaba el camino de regreso a la primer esquina que imaginó, realmente no sabía dónde se encontraba, y aun más, no recordaba después de tanto tiempo, que era solamente un sueño.

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