Le eché un vistazo a mi empanada de pollo y no parecía recién horneada, parecía más bien ese subproducto de la máquina bien pulida y engrasada comprada hace poco en la panadería de la que proviene, y debo reconocer que lo que más me gusta de la siguiente analogía es que uno no puede parar de reírse cuando la razón es suficientemente buena, pero bueno, todos tenemos derecho a dejarnos engañar, casi deberíamos luchar por ese derecho, hacer una huelga, organizar una marcha por la avenida segunda para terminar en la Plaza de la Democracia, sí, ahí donde Don Abel nos regalaba Tamales para que votáramos por él, jajá, es increíble y aunque no es tema de actualidad creo que la gente votó más por “Comentarios con el Dr. Abel Pacheco” que por el mismo personaje en sí, pero a quien se puede culpar, que hay más tierno que un abuelito regalón que desvaría frase tras frase. Realmente me cae bien Don Abel de modo que ya no lo mencionaré, pero volviendo a la analogía, tal parece que al igual que la ...
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