La abducción se apasionaba con el sonido, poseía solo un centavo de inspiración, obligaba al vuelo, al estado de la concepción, abrazos y gemidos de despedida, la puerta que se cierra, gruesa y antigua, bastante mal conservada, es el anuncio de una nueva bifurcación.
Una vez más el espectador siente ese impulso silvestre de levantarse de su silla y exclamar, pero no es debido pronunciarse acerca de la grato la magnitud de su destello no es pronunciable, se agita, crece y se manifiesta sexualmente, como lo hace la carne, mas la lejanía es digna de respeto y devoción.
Enciendo el motor de mi monoplaza aéreo, no es gran manera de viajar pero el adiós no ha dicho la última palabra, las manchas de la lluvia sobre los vidrios nos impiden ver hacia afuera. Obviando el frío de la noche no permaneceré aquí un segundo más, ahora me voy y así será, de todas formas hay más que conocer, probar y sentir de lo que me ha dado este lívido lapso de mi vida, solo un impasivo consternado por lo medianamente interesante del encierro podría estar satisfecho, observando un menú tan escaso, una neutralización de mi democracia autocomplaciente, donde el único voto es mío, lo reconozco.

Esa constante revolución de mi existir siempre logra afligir al impedimento, se impone como un silencio en un pentagrama, hace callar a los demás, y aunque persuasivamente a veces logra sus fines, no es siempre el hierro el que se impone, en ocasiones una risa puede convertirse en torbellino de ser necesario, y esto no por voluntad propia, cuando la escena te seduce, cuando el frío y el calor se encuentran su copulación destructiva puede causar estragos, y ese pequeño espacio donde toma lugar gira enredándose en cuanto le place hacerlo, así mismo debería ser mi motivación humana por alcanzar mi exilio hedonista, si esta sangre debe mezclarse con vinagre, y solo así poder salir del fondo del lago y emerger, será su exigencia quien defina mis actos, la benevolencia de su creación se gestará dentro de mí y ese paladín de acero será forjado, alimentado por la mano que sostiene la brújula mientras la otra tomará el rumbo hacia su voluntad.

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