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El marco marcha hacia la apertura final de su carne, un clavo se convierte en su pilar, su resistencia. Al mirar fijamente se nota como la grieta pareciera una mano extendiéndose hacia él, pidiendo auxilio ante la evidente ruptura.
Al igual sigue rodando la imagen de una cuerda que revienta resonando agudamente, hasta parecer innecesaria. Yo no sé definir esos actos, esa incidencia del tiempo que convierte la experiencia en una constante; se dispone, se niega, vuelve su cabeza a la continuación de lo que suele ocurrir:
" La vida "
y aún así no es suficiente para ser convertida en arcilla, para ser labrada en concepto humano, solo queda fingir esta enmascarada función, unción del bálsamo azul de la ira, de la espera, e incluso de la ilusión que penetra y parece ser.
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